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La guía didáctica en formación bonificada: qué debe incluir y cómo elaborarla correctamente

La guía didáctica en formación bonificada qué debe incluir y cómo elaborarla correctamente

Tabla de Contenidos

Una guía didáctica completa facilita el aprendizaje de los trabajadores, orienta la actuación del tutor y mejora la organización y el seguimiento de los cursos. En teleformación, su contenido debe explicar con claridad cómo se desarrollará la formación y qué se espera del participante.

La calidad de la formación continua comienza con una planificación que permita al trabajador conocer los objetivos del curso, organizar su dedicación, utilizar los recursos disponibles y comprender cómo se evaluará su aprendizaje. La guía didáctica reúne esta información y permite consultar las condiciones de desarrollo de la acción formativa desde su inicio.

En la formación programada por las empresas, el marco general está constituido por varias normativas. Estas normas no establecen un índice cerrado y universal de guía didáctica para todos los cursos bonificados. FUNDAE sí identifica la información que debe contener en teleformación: objetivos, contenidos, funcionamiento, herramientas y metodología, tutorías, calendario, seguimiento, controles y sistema de evaluación. Por ello, conviene distinguir entre esa información exigible y los apartados adicionales que una entidad incorpora para mejorar la calidad de sus documentos.

Como propuesta de organización, una guía completa puede estructurarse en los siguientes quince apartados:

  1. Identificación y ficha técnica. Denominación del curso, entidad impartidora, modalidad, duración, fechas y referencia de la edición.
  2. Presentación y destinatarios. Utilidad profesional, perfiles a los que se dirige y conocimientos previos necesarios.
  3. Objetivos de aprendizaje. Competencias y resultados que se pretende alcanzar.
  4. Contenidos formativos. Módulos o unidades ordenados conforme al programa impartido.
  5. Metodología y funcionamiento. Forma de trabajar y utilización de las herramientas del curso.
  6. Materiales y recursos. Contenidos, documentos y aplicaciones, diferenciando los obligatorios de los complementarios.
  7. Acceso al campus y soporte técnico. Instrucciones iniciales, requisitos tecnológicos y atención de incidencias.
  8. Sistema de tutorías. Tutor responsable, canales, horarios y funcionamiento de la atención.
  9. Calendario y programación. Secuencia de unidades, dedicación estimada y plazos.
  10. Actividades y controles. Ejercicios, tareas y pruebas previstos durante el aprendizaje.
  11. Seguimiento del participante. Comprobación del progreso y comunicación de observaciones.
  12. Evaluación y calificación. Instrumentos, criterios de corrección y condiciones de aptitud.
  13. Finalización y acreditación. Requisitos y procedimiento de expedición del certificado o diploma.
  14. Evaluación de la calidad. Cuestionario de satisfacción y finalidad de sus resultados.

Este índice constituye una propuesta de calidad documental. La entidad puede convertirlo en obligatorio dentro de su procedimiento interno, sin atribuir a todos sus epígrafes el carácter de exigencia legal independiente.

Uno de los aspectos que requiere mayor precisión es la evaluación. Expresiones como «participar activamente», «realizar las actividades» o «superar las pruebas» deben acompañarse de criterios verificables. El participante necesita conocer qué entregas son obligatorias, cómo se califican, qué nota permite obtener la valoración de apto y qué posibilidades de recuperación existen.

También debe interpretarse correctamente el 75 % de los controles periódicos de seguimiento del aprendizaje. Este criterio de finalización en teleformación no equivale, por sí mismo, a obtener un 75 % de respuestas correctas ni a permanecer conectado durante el 75 % de las horas del curso. El seguimiento también comprende la comprobación del recorrido formativo, la interacción y la asistencia tutorial. Las condiciones académicas de superación deben definirse y comunicarse claramente.

La guía debe diferenciar, además, entre participación y aprovechamiento. FUNDAE contempla el diploma cuando existe aprovechamiento y el certificado correspondiente cuando no lo existe. Por tanto, suspender una prueba no debe traducirse automáticamente en negar cualquier acreditación, sin analizar las condiciones de participación aplicables.

La programación temporal merece una revisión específica. Asignar un tema a cada semana puede orientar al alumnado, pero conviene concretar la dedicación prevista a contenidos, prácticas y evaluación. Asimismo, debe aclararse qué sesiones son obligatorias y cuáles complementarias, y distinguir el horario de atención tutorial de las sesiones que requieren asistencia simultánea.

Para elaborar estas guías de forma sistemática, las entidades pueden establecer un procedimiento común: validar los datos del curso, preparar la programación didáctica, distribuir las horas, definir la evaluación, redactar el documento y comprobar su correspondencia con el campus. La revisión conjunta del técnico de formación y del tutor permite detectar discrepancias antes de que comience la actividad.

Desde Aenoa Formación recomendamos que cada edición disponga de una versión identificada y revisada, accesible para el participante desde el inicio. Cualquier modificación relevante debe comunicarse y conservarse junto con la documentación correspondiente.

FUNDAE incluye expresamente la guía didáctica entre los documentos de teleformación que deben conservarse durante cuatro años. El plazo de custodia de la documentación justificativa se cuenta desde la finalización del plazo de presentación de los boletines de cotización de diciembre del ejercicio correspondiente.

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