Seguimiento de cursos presenciales de Formación Bonificada

La formación programada o bonificada es una herramienta esencial para el desarrollo profesional continuo de los trabajadores. En este contexto, el seguimiento en tiempo real de las acciones formativas impartidas en modalidad presencial se erige como un pilar fundamental para garantizar la calidad y eficacia de estas iniciativas. A través de la normativa establecida por entidades como la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae) y el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), se definen los mecanismos y procedimientos para asegurar que la formación ofrecida cumple con los requisitos y objetivos previstos.

 

El seguimiento en tiempo real de las acciones formativas presenciales tiene como objetivo principal verificar que la ejecución de la actividad formativa, los contenidos impartidos y su relación con la actividad empresarial se ajustan a lo comunicado y planeado. Este proceso incluye la comprobación del número real de participantes, las instalaciones y los medios pedagógicos empleados. Para ello, el responsable de seguimiento, debidamente identificado, se desplaza al lugar de impartición de la formación, manteniendo una presencia activa durante el desarrollo de la acción formativa.

 

Importancia de las Instalaciones y el Equipamiento.

 

Las instalaciones donde se imparte la formación deben cumplir con criterios de prevención de riesgos, condiciones higiénicas, acústicas, de accesibilidad y habitabilidad adecuados. Estos factores son esenciales para crear un entorno propicio para el aprendizaje. Asimismo, el equipamiento y los recursos didácticos utilizados deben facilitar la adquisición de conocimientos y el logro de los objetivos de la acción formativa. Este enfoque garantiza que los participantes puedan desarrollar competencias relevantes para su desempeño laboral.

 

Rol del Formador.

 

Aunque la normativa no exige requisitos específicos para todos los formadores, aquellos vinculados a certificados de profesionalidad deben cumplir con prescripciones específicas. Más allá de estos requisitos, se verifica que el formador posea los conocimientos y habilidades necesarios para impartir una formación eficaz y orientada a competencias. Esta evaluación asegura que el proceso de aprendizaje sea coherente y adecuado a los objetivos establecidos.

 

Control de Asistencia y Contenidos.

 

El seguimiento incluye la comprobación de controles de asistencia firmados diariamente, asegurando que la participación de los trabajadores en la formación es activa y conforme a lo planificado. Además, se verifica que el contenido básico del curso coincida con lo comunicado previamente, que la modalidad de formación y su duración sean las acordadas, y que el grupo no supere el número máximo de participantes permitido.

 

Comprobación presencial.

 

En el seguimiento se comprobará que el contenido básico del curso coincide con el comunicado, que la modalidad de formación coincide con la comunicada, que la duración del curso coincide con la comunicada, y que la duración del curso no es inferior a dos horas. Además, que el grupo no está organizado para un número máximo de participantes superior al permitido (30 en general y 25 en formación vinculada a certificados de profesionalidad), y que la participación de un trabajador en acciones formativas no es superior a 8 horas diarias.

 

Cuestionarios y Hoja de Actuación.

 

Se emplean cuestionarios dirigidos tanto a formadores como a participantes para recabar información detallada sobre la realización de la formación, el material entregado y otros aspectos relevantes. Esta herramienta permite obtener una perspectiva directa de los involucrados en el proceso formativo. Tras la visita de seguimiento, se completa una «Hoja de actuación» que documenta cualquier irregularidad y confirma la adecuada impartición de la formación.

 

Conclusión.

El seguimiento en tiempo real de las acciones formativas presenciales constituye un mecanismo crucial para asegurar la calidad de la formación programada o bonificada. A través de este proceso, se verifica que la formación impartida responde a las necesidades de desarrollo profesional de los trabajadores y cumple con los estándares establecidos por Fundae y SEPE. Este enfoque no solo beneficia a los trabajadores, quienes adquieren competencias relevantes para su evolución profesional, sino también a las empresas, que fortalecen su capital humano, y al sistema formativo en su conjunto, que se valida como un pilar para el crecimiento y la competitividad.